lunes, 8 de noviembre de 2010

Columna de opinión

JOSE MIGUEL: UNA SEÑAL DE ESPERANZA

No todos saben lo difícil que es andar por las calles y pedir una pequeña cantidad de dinero. Muchos de nosotros, y me incluyo porque yo solía ser así, ignoramos a aquella madre desesperada o aquel señor con la cabeza baja que nos pide su ayuda, los cuales nos explican su malestar, que en muchos casos es una enfermedad, pero nosotros simplemente no reparamos en prestarle un mínimo de atención, y como si nada importase seguimos de largo.

Es ahí cuando me doy cuenta que la enfermedad se convierte en algo más que un hecho clínico y pasa a ser un hecho sociológico, por el poco apoyo que reciben éstas personas, quienes se ven obligadas a ver una cara de fastidio o simplemente una espalda que no les ayudará.

Quisiera hablar sobre un caso especial, con el cual estuve en constante contacto estas últimas semanas. Se trata de José Miguel, un joven de 21 años que padece de hidrocefalia, quien junto a su madre, la señora Teresa Chafloque Salazar, esperan junto a un mercado de la Avenida L a Molina, obtener la colaboración de todo aquel que esté dispuesto a dársela.

José Miguel, convive con esta enfermedad desde que nació, cuando tuvo un año de edad le realizaron una primera operación gracias al apoyo de club de leones de Chiclayo. Vive junto a su madre y su hermana en el distrito de Canto Grande. Actualmente no cuenta con el apoyo de alguna organización, por lo que su madre, quien se separó de su esposo hace seis años, se ve obligada a realizar diversos trabajos para poder mantener a su familia.

Como mencioné anteriormente, José Miguel, padece de hidrocefalia, enfermedad que consiste en la acumulación de agua en el cerebro, lo cual es en realidad líquido cefarroliquedio que rodea el cerebro y la médula espinal. Lo cual ocasiona que él no pueda realizar ciertas acciones como comer o caminar por sí mismo, tampoco puede hablar o expresarse. Él vive en un mundo que ni el mismo reconoce, solo sabe que tiene a su lado a una mujer que lo cuida las 24 horas del día y que hace lo imposible por verlo sonreír a diario.

Así como el caso de José Miguel, hay muchos otros, niños que necesitan de la ayuda de nosotros, ellos no piden mucho, sólo quieren una pequeña colaboración para seguir viviendo y poder disfrutar de su vida, ya que es un derecho de cada uno. Deberíamos comenzar a tomar conciencia de las cosas, ver más allá de lo evidente, detenernos un momento a analizar cada instante. Muchas cosas pasan cuando el semáforo está en rojo, quizá cuando nosotros solo esperamos por que cambie de color y podamos avanzar, hay seres humanos que solo quieren que se quede así para recibir un poco de atención, la cual los ayudará a mejorar su calidad de vida.

Sólo espero que el caso de José Miguel, sea una señal para no cometer los mismo errores, y así al ver a una persona en la calle, lo pensemos dos veces antes de seguir nuestro camino.

Ricardo Flores

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