lunes, 8 de noviembre de 2010

Crónica

Desafiando al destino


A pesar de los diagnósticos médicos, jose miguel oviedo sigue viviendo de la mano de su madre, un ejemplo de constancia y perseverancia

A las cuatro y media de la tarde, a las afueras de un pequeño centro comercial de la avenida La Molina, se encuentran, entre el tumulto y la indiferencia, una madre luchadora y constante y un niño atrapado en el cuerpo de un adulto que vive, a pesar de todo.

Jose Miguel Oviedo nació hace ya veinte años y según los diagnósticos, presenta una gran cantidad de líquido acumulado en el cerebro, más conocida como hidrocefalia severa, según manifiesta su madre, quien acude a esta concurrida avenida dos días a la semana para apelar a la solidaridad de los vecinos y obtener la ayuda que necesita para cuidar de su hijo.

Teresa Chafloque Salazar tiene cuarenta y seis años, pero su rostro refleja cansancio y agotamiento. Después de la segunda operación de Jose Miguel, en 1993, decidió dejar la ciudad de Chiclayo para trasladarse a Lima e instalarse en Canto Grande, San Juan de Lurigancho. Las esperanzas de un mejor futuro para sus dos hijos la motivaron a viajar hasta la capital, pero la separación de su esposo, cuando Jose Miguel tenía apenas seis años, la obligó a tomar las riendas de la familia y enfrentarse sola a la difícil situación en la que se encontraba.

Según doña Teresa, Jose Miguel fue diagnosticado desde su nacimiento con esta complicada enfermedad, que lo ha mantenido durante toda su vida incapacitado de hablar, caminar y desenvolverse por sí solo, por lo cual ha sido necesario y vital el apoyo de su madre y de su hermana en su vida diaria.

Le realizaron la primera operación cuando tenía un año, y la segunda, gracias al apoyo del club de Leones de Chiclayo, cuando tenía dos. Las probabilidades de que sobreviviera eran muy escasas, según lo manifestado por los médicos que aún lo tratan, que no dejan de sorprenderse de la evolución de José Miguel, que ha superado la esperanza de vida para los niños que padecen esta enfermedad.

Mientras tanto, para su madre ha sido un proceso difícil el poder mantener y atender a un niño que necesita cuidados específicos y que presenta demandas necesarias para su subsistencia. Es así que doña Teresa decidió acudir dos veces por semana a las afueras de la Galería Santa Patricia, en el distrito de la Molina, donde permanece desde las 10 de la mañana hasta las 5 de la tarde. Lo más difícil de encontrarse en ese lugar es el transporte, ya que tiene que movilizar a Jose Miguel en taxis, que requieren del desembolso de dinero, a menos que un familiar cercano la apoye en ese aspecto.

José Miguel fue operado en el 2008 por última vez, en la que le cambiaron la válvula que elimina el líquido de su cerebro. A partir de ahora solo necesita controles y medicinas para mantenerse. Para esto acude al hospital Hipólito Unanue, más conocido como Bravo Chico, cada semana; lo que le demanda un costo, pues no se encuentra asegurada. Además de esto, se le medica para evitar las convulsiones que puede generar su enfermedad.

José Miguel ha sido bendecido con una madre constante, que no se ha dado por vencida y ha conseguido, por todos los medios posibles, darle calidad de vida a su niño. Se le ha concedido, para su mayor comodidad y gracias al consejo vecinal del lugar en el que vive, una casa en las faldas del cerro que le evita el trajín de subir escaleras. Ha podido, además, conseguir lo necesario para José Miguel, gracias al trabajo en casas que le ofrecen muchas vecinas de La Molina, y que realiza el resto de días que no acude a las afueras de La Galería, en la que también labora su segunda hija, un año menor que José Miguel.

Las personas que transitan en lugar se muestran compasivas y colaboran con doña Teresa y José Miguel, llevándoles víveres y medicinas. Sin embargo, hace poco madre e hijo fueron sorprendidos por funcionarios de la municipalidad de La Molina quienes, motivados por una joven que se interesó en el caso, le ofrecieron ayuda; acudiendo inclusive a su casa para evaluar su situación. A pesar de esto, doña Teresa no ha recibido hasta el momento ninguna ayuda proveniente de la Municipalidad, por lo que se muestra recelosa ante algunas personas que ofrecen ayudarla, pues se siente engañada y ha perdido un poco de confianza.

Pero el proceso no ha sido fácil. Debido a su avanzada edad, José Miguel podrá mantenerse con vida probablemente por dos o tres años más. Doña Teresa necesita semanalmente varios paquetes de pañales, alimentos especiales y medicinas para su hijo; por lo que es urgente el apoyo económico para que José Miguel pueda permanecer estable mientras su salud se lo permita.


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